jueves, 29 de octubre de 2015

HISTORIA 8

DEUDA

No sabía cómo iba a acabar todo aquello, pero mi compañero estaba en peligro, y no podía dejar que pagase por mis propios errores con su vida. Así que me adentré en la densa niebla vespertina de la estación de ferrocarril, en dirección al túnel. Un olor dulzón a sangre y vísceras provenía del mismo, inundando mis fosas nasales, abriéndose paso hacia mi cerebro, a estas alturas paralizado por el miedo. Mis músculos estaba rígidos y un sudor frío recorría mi espalda. Allí dentro, en la más opresiva oscuridad, un rugido gutural reverberaba en un eco terrorífico. 
La razón me decía que no continuase. Ya no podía hacer nada por aquel desdichado. El experimento no había resultado como yo había esperado, y ahora una terrible bestia amenazaba a la ciudad entera, por mi culpa. No. Debía continuar hasta las últimas consecuencias, aunque mi vida acabase en manos de aquella nauseabunda criatura. No había alternativa.

Unos pasos se escucharon al final del túnel, mientras mis pies avanzaban dubitativos, y mis manos empuñaban con fuerza aquel frío trozo de hierro, que había tomado momentos antes. Finalmente, al doblar un recodo me encontré frente a frente con aquel perverso y deforme ser. Y habría jurado que me sonreía, con sus fauces desencajadas y cubiertas de sangre. Era la hora de la verdad. 

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